El lujo de no hacer nada

El lujo de no hacer nada, y por qué el verano debería ser un poco más así. 

Hace unos días me sorprendí mirando el reloj estando de vacaciones!! Y pensé: qué curioso es que, incluso cuando creemos haber parado, seguimos midiendo el tiempo. Tenemos prisa por aprovechar el día, por visitar sitios, por hacer planes, por no «perder» ni un minuto. Pero quizá el verano no esté hecho para eso.

Quizá el verdadero lujo sea, precisamente, permitirnos no hacer nada durante un rato.

Nos hemos acostumbrado a vivir demasiado deprisa

Vivimos con la sensación de que siempre queda algo pendiente. Responder un mensaje. Mirar el correo. Organizar la semana. Preparar lo siguiente. Y cuando llegan las vacaciones, muchas veces seguimos funcionando igual. Solo cambia el paisaje.

Por eso creo que el verano nos regala una oportunidad maravillosa: recordar que descansar también es hacer algo importante.

Las pequeñas cosas que siempre recordamos

Si pienso en los veranos de mi infancia, no recuerdo grandes viajes. Recuerdo desayunos largos. El sonido de las chicharras. Las noches al fresco. Las bicicletas apoyadas en cualquier esquina. Un baño en el río. Una conversación que se alargaba hasta que aparecían las estrellas.

Con los años he descubierto que los recuerdos más bonitos casi siempre nacen de los momentos más sencillos.

También podemos vestir con esa misma calma

Creo que la ropa debería acompañar ese ritmo. Prendas que no aprietan. Que respiran. Que te permiten sentarte bajo un árbol, pasear por un mercado o cenar con amigas sin sentir que necesitas cambiarte. Vestir bien no debería significar ir incómoda. Debería significar sentirte tú.

El verano también nos enseña a elegir mejor

Cuando vivimos más despacio, también compramos de otra manera. Nos preguntamos si una prenda realmente nos gusta. Si nos representa. Si la imaginamos dentro de unos años. Y, curiosamente, esas suelen ser las prendas que más terminamos usando.

El verdadero lujo

Durante mucho tiempo pensé que el lujo era tener más. Hoy creo que el verdadero lujo es tener tiempo. Tiempo para leer unas páginas más. Para tomar un café sin mirar el móvil. Para caminar sin un destino concreto. Para conversar. Para aburrirse un poco. Para respirar.

Ojalá este verano nos regalemos más momentos así.

Porque quizá ahí esté la verdadera elegancia de la vida.

✨ A veces el mejor plan del verano es no tener ninguno

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